sábado, 24 de mayo de 2014

9. Ia'akov Avinu

Ia'acóv Abinu
Ia'acóv pasó muchos años aprendiendo Toráh de su padre Itsják así como en la academia de Shem y Ever. Se estudiaban allí las siete mitsvót que Hashém entregó a Nóaj, y sus detalles, y todo lo concerniente a la sabiduría relacionada con ellas; se aprendía cómo cumplir con las mitsvót y cómo criar y educar hombres justos y sabios; cómo rendir culto a Hashém y cómo alejar a los hombres de la idolatría y de las malas acciones.
Más tarde, se dirigió a la tierra de Arám en que residía la famila de su padre, donde trabajó la haciendo de Laván; al cabo de los años contrajo matrimonio con Leáh y más tarde con Rajél. También a ellas las llamamos "nuestras Madres", pues a través de ellas, apoyadas también en Bilháh y Zilpáh (que a pedido de Rajél y Leáh tomó Ia'acóv por esposas también, para que multiplicaran la descendencia de hombres justos), surgieron las doce tribus de Israel: Reubén, Shimón, Leví, Iehudáh, Isasjár, Zevulún, Dan, Naftalí, Gad, Ashér, Ioséf y Biniamín.
Ia'acóv pasó veinte años en la tierra de Arám, y desde el día de su llegada se dedicó a enseñar a la gente los caminos de vida correctos. Aún cuando no contamos con detalles acerca de su influencia, no cabe duda de que sus enseñanzas cundieron entre los pobladores de Arám, y a través de ello, incidieron en el desarrollo de la cultura Aramea. Debemos considerar que, aunque Abrahám Abinu y sus hijos hablaban hebreo, también dominaban el arameo, que se convirtió en una suerte de segunda lengua de Israel, hasta el punto en que todos los Jumashím (libros de Toráh) de nuestros días, incluyen su traducción al arameo realizada por Onkelus y por Ionatán ben-Uziel.En la última etapa de su vida, vivió Ia'acóv durante diecisiete años en Egipto. Al igual que su abuelo Abrahám, también él enseñó a muchas personas todo lo relacionado con el culto a Hashém, y cuanto se debe saber para cumplir con el propósito de ser buenos. Faraón, rey del país inmenso y próspero que era Egipto, solicitó de Iaakóv su bendición; y el pueblo entero lo veló y acompañó a su sepultura en la tierra de Cnáan, porque reconocían en él a un Hombre consagrado a Hashém.

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