ShmuEl el Profeta
En esos tiempos había nacido ShmuEl, y de acuerdo a la orden que recibiera su madre directamente de Hashém cuando le anunció su embarazo, fue criado al lado de Elí, en el Santuario de Shiló. El pueblo atendía a las palabras de ShmuEl y le obedecía, y aún más desde que en guerra contra los Filisteos, capturaron éstos el Arca de la Alianza con las Lujót HaBrít y se la llevaron con ellos.
El rapto fue una maldición para los Filisteos: el más sagrado de los objetos no podía ser manipulado de cualquier modo; y cada ciudad a la que llevaban consigo el Arca, era invadida inmediatamente por una peste espantosa. Devolvieron los Filisteos el Arca a Israel presos de profundo temor, y guiados por ShmuEl, se entregaron Bnei-Israel a crecer y hacerse fuertes en el estudio y el cumplimiento de la Toráh, en el Trabajo Sagrado y en el buen actuar. Nunca antes, desde los tiempos de Moshéh y Iehoshúa, habían vivido Bnei-Israel en una elevación como la de estos días, en que también lucharon y triunfaron contra los Filisteos y los expulsaron de su tierra. Era el momento propicio para merecer el cumplimiento de las profecías y las promesas de un Rey sobre Israel; y el pueblo lo reclamó. Había ya en el pueblo numerosos hombres que aparecían a la altura del desafío: hombres de grandeza, devotos de Hashém, valientes, conocedores de la Toráh. Algunos de ellos eran conocidos por el pueblo y otros ocultos aún a la vista de todos por causa de su humildad, como Shaúl y David. También Avner, Ioáv y sus hermanos, que se hicieron conocer recién mucho después, vivían ya y crecían en Toráh, en sabiduría y buena acción. El pueblo estaba seguro de que alguno de ellos podría ser coronado para reinar sobre Israel, y legar el reinado a su descendencia tras él. ShmuEl, no obstante, no veía las cosas del mismo modo. Elegir un Rey era muy complejo y arriesgado, puesto que luego la suerte de Israel dependería de que su Rey se comportara con justicia ante D's y de acuerdo a la Toráh, y de que sus hijos, tras él, hicieran lo mismo. ShmuEl consideró que era muy apresurado coronar un Rey, y que el pueblo debería continuar en su senda de crecimiento y consagración y avanzar en ella aún más, antes de poner sobre sí un Rey. Mas el pueblo continuó con su reclamo. Los casi cuatrocientos años pasados bajo el mando de los Jueces les habían enseñado que se requería un dirigente poderoso, hombre de D's capaz de conducir a su pueblo en la guerra y en la paz y administrar la justicia, y que pudiera encargar a sus hijos tras él la continuación de la labor, para que el Pueblo no desertara una y otra vez del camino de la Toráh al sentirse desamparado. Acudió ShmuEl a la guía de Hashém, que le indicó prestar oídos a la exigencia del pueblo, y coronar a Shaúl ben-Kish, de la tribu de Biniamín, desconocido públicamente gracias a su humildad, hombre de bien consagrado a la Toráh y el buen actuar, como Rey sobre Israel. Y escribió entonces ShmuEl el libro de los Jueces, y parte del libro ShmuEl, llamado así en su propio nombre.
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sábado, 24 de mayo de 2014
36. ShmuEl el Profeta
35. Elí Cohen Gadól (Sumo Sacerdote)
Elí el Cohén Gadól
Elí el Cohén era primo de Shimshón. Era un hombre consagrado al servicio de Hashém, de gran dedicación, y depositario de todo el conocimiento de la Toráh Oral: aquélla que Moshéh no había escrito sino transmitido a Iehoshúa, y éste a los Ancianos del pueblo, y así, de generación en generación, se transmitía de maestros a discípulos para seguir enseñándose y aplicándose para todo el Pueblo de Israel.
Aún en vida de Shimshón, Elí fue elegido Juez Supremo, y tuvo por sede el Santuario de Shiló, donde se encontraba el Arca con las dos Lujót HaBrít (las Tablas del Pacto). Mas allí mismo se produciría la próxima caída, porque sus hijos desertaron del camino del bien, administraron con mezquindad y sin grandeza los servicios del Templo, y volvieron los Filisteos a la carga entonces, enviados por Hashém para que fuera purgado el mal de Israel. |
34. Shimshón (Sansón)
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33. Ivtsán, Eilón y Avdón
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32. El siglo culminante de la época de los Jueces - Iftáj
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31. Los Jueces de Israel durante los pirmeros 300 años en su tierra
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30. Tola y Iaír
Tola y Iaír
Abimélej murió unos trescientos años después de que Bnei-Israel comenzaran la conquista de su tierra. Y siguieron a él otros dos Jueces, los últimos en esta etapa de la historia de nuestro pueblo: Tola ben-Puáh y Iaír el Guiladí (de la región de Guil'ád).
En tiempos de estos Jueces, Bnei-Israel no se comportaron de modo tan contrario a lo esperado de ellos por Hashém. Mas tampoco se esmeraron en su consagración ni se dedicaron especialmente a practicar el bien, y no se consustanciaron en el estudio de la Toráh como ésta misma exige, puesto que sin estudio y meditación no puede crecer el hebreo en el camino de D's.El Pueblo de Israel era ahora mucho más numeroso que cuando llegara a su tierra. Pero no estaban a la altura espiritual requerida para ser un pueblo sagrado de Hashém poblando la tierra que todo lo provee. La época de Guideón, Abimélej, Tolá y Iaír duró en total ochenta y ocho años (30 + 3 + 23 + 22), y a todo su largo, no llegó a revelarse en Israel un hombre capaz de ejercer el reinado. La desazón y la duda comenzaban a ganar el espíritu de la gente, que sentía que D's les había abandonado. En la Toráh se les había prometido que serían un gran pueblo, de importancia trascendente para el destino del mundo, y por ahora, apenas si eran un pueblo de camino y destino inciertos, rodeados de enemigos dispuestos a atacarlos a cada instante. A la muerte de Iaír, el pecado se expandía en el seno del Pueblo de Israel, y cada vez más personas abandonaban en los hechos el camino de la Toráh, de la que poco sabían merced a su falta de estudio. La situación se degradó progresivamente, hasta hacerse más grave que nunca en los trescientos años que llevaban en la tierra. Se recibe lo que se convoca, y no había modo de que la transgresión del Orden que los aferraba a lo sagrado pudiera traerles paz. De modo que Hashém reveló y demostró su enojo otra vez, enviando ahora contra ellos enemigos más feroces que nunca antes. Los Aramitas, Moabitas, Cnaanitas y Midianitas, que les habían atacado antes, no se atrevieron a intentarlo nuevamente, atemorizados por su recuerdo de las magníficas derrotas pasadas, cuando Hashém saliera a cada batalla a la cabeza de su pueblo. No obstante, restaban otros deseosos de intentarlo: los Amonitas, que residían entre Moáb y el territorio de las tribus de Reubén, Gad y la mitad de Menashéh (que ocupaban tierras en la margen oriental del río Iardén), tomaron la iniciativa, y durante dieciocho años llenaron de penuria, de angustia y de dolor las vidas del Pueblo de Israel. Más tarde, se unieron a ellos también los Filisteos, que provenían de Occidente. Una vez más se dispusieron Bnei-Israel a repetir el ciclo que ya conocían: volverían del mal sobre sus pasos, abrazarían la Toráh con la mente y con sus vidas, y pidiendo de Hashém la salvación, la salvación llegaría. Comenzaron a corregir sus caminos, a cuidar los preceptos de la Toráh, y gritaron a Hashém por ayuda. Mas esta vez rehusó el Creador auxiliarles: no se salvaría por vía de milagros un pueblo incapaz de seguir por sí mismo el camino del bien, que deserta del mismo inmediatamente cada vez que carece de una mano fuerte que lo guíe. Trescientos años se había reeditado el mismo ciclo una y otra vez, y ya no sería aceptable reeditarlo más. |
29. Abimélej
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28. Guideón
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27. Devorah la profeta
Deborah la Profeta
Hashém se apresuró a castigar a Bnei-Israel, desde su designio de que se hicieran por fin pueblo sagrado. Por voluntad de Hashém se irguieron los Cnaanitas que permanecían en la Tierra de Israel, se hicieron de un soberbio poder bajo el mando de Iabín rey de Jatsór, y de Sisrá, comandante de su ejército, que se impusieron sobre Israel. El pueblo de Israel estaba distraído de su camino, descuidado del estudio, y su conciencia moral se había debilitado por causa de la desidia y el instinto. No obstante, fue claro el mensaje para el pueblo de Israel, que despertó otra vez de repente a su identidad y se apresuró a corregirse y enmendar su camino, bajo la influencia y el mando de Déborah la Profeta, y de los Jueces ubicados en todas las regiones del país. Hashém ordenó a Déborah ocupar el puesto de Jueza Suprema y enfrentar, junto a su esposo Barák, la guerra contra los Cnaanitas.
Juntos, comandaron a las fuerzas de Israel, con todas sus huestes arrepentidas de los años de alienación y abandono del camino de Hashém, y aniquilaron a los Cnaanitas que les oprimían con dureza.Mas tampoco durante los días de Déborah vio nacer Israel al hombre apto para portar la corona de Rey y guiar con energía a su pueblo más allá de ese círculo vicioso de idolatría-sometimiento-arrepentimiento-redención en que tantas generaciones habían incurrido. A la muerte de Déborah, quedó otra vez el Pueblo de Israel sin cabeza visible, por cinco penosos años. |
26. Shamgár ben Anát
Shamgár ben-Anát
Durante todos esos años, también Ehúd esperó la oportunidad de coronar un rey sobre Israel, mas no había aún nadie que pudiera, a jucio de Hashém, ocupar dicho puesto y cargar con tal responsabilidad. Cuando falleció Ehúd, sólo un sabio y valiente mas ya anciano de sus discípulos pudo tomar su lugar, y desmpeñarse como Juez sobre todos los otros Jueces. Este sabio se llamaba Shamgár Ben-Anát, mas era muy anciano y falleció en el mismo año en que había asumido su función.
Entre los hombres "grandes" del pueblo, se contaba en ese entonces una mujer, de cuya gran sabiduría todos sabían y acudían a su arbitrio y su consejo. Esta gran mujer, de nombre Déborah, a través de su constante estudio y de su profunda devoción, mereció por fin el don de la profecía, convirtiéndose en profeta de Israel.
Mas entretanto, ya se había desviado una vez más el pueblo de Israel del camino que D's le indicara, y otra vez había acudido a las prácticas pecaminosas de sus vecinos, a lo largo y ancho de toda la tierra de Israel a ambas márgenes del Iardén.
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25. Ehud ben-Guerá
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24. AtaniEl ben-Knaz
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23. Los Jueces locales
Los Jueces locales
Siguiendo el modelo de gobierno que instruye la Toráh, Iehoshúa nombró Jueces (shoftím) y Policías (shotrím) en todas las ciudades de Israel. A su fallecimiento, fueron éstos los únicos que quedaron a cargo de liderar al pueblo, y no había un líder supremo, una personalidad carismática que pudiera dirigir a Bnei-Israel con mano fuerte, como Iehoshúa y antes Moshéh habían hecho.
En su afán por llevar una vida por fin normal, y de hacer producir a la tierra las riquezas que se les había dicho produciría, Bnei-Israel llevaban una vida de mucha labor. Gran parte del pueblo se había instalado en las ricas ciudades conquistadas a los Cnaanitas, donde todo estaba dispuesto para una vida de fasto y categoría. Ellos se dedicaban al comercio, intercambiando mercaderías con quienes cruzaban la tierra de Israel en camino hacia otros lugares, así como con los pueblos vecinos, aquéllos que no habían sido expulsados de la tierra.
Otros, habían optado por establecerse en pequeñas colonias rurales, dedicadas a cultivar la tierra y criar ganado, y trabajaban con tesón, juntándose con sus vecinos cnaanitas para aprender de ellos los oficios de la tierra.
El estudio era un deber de muy difícil solución en aquellos tiempos. Faltaban muchos siglos para la aparición de textos explicativos de la Toráh: solamente se contaba con la Toráh "escrita", y aún ésta era muy difícil de copiar para ponerla al alcance de todos. De modo que el estudio era, mayormente, oral; y viviendo como vivían, el hábito de estudiar se debilitaba con frecuencia. Esto produciría, inevitablemente, que grandes porciones de la enseñanza se fueran perdiendo y olvidando con el correr de los años. Al debilitamiento en el estudio, que es lo que sostenía la fuerza de la Toráh en la vida de Bnei-Israel, se sumó su trato cotidiano con los Cnaanitas: se relacionaban con ellos; hacían con ellos negocios, y aprendían de sus oficios. De tal modo, que comenzaron Bnei-Israel a aprender de los Cnaanitas también hábitos y actividades que repugnaban a D's, y a participar de las fiestas y las formas de culto que aquéllos dedicaban a sus ídolos. Hashém, actuando desde un justo enojo, hizo que cayeran sobre Israel los Aramitas, que residían en el NorEste de la tierra. Bnei-Israel fueron atacados por sorpresa, dado que se sentían seguros del temor que inspiraban a los pueblos vecinos y no esperaban que ninguno de ellos los enfrentase. Pero ese temor era como una protección provista por Hashém a su pueblo, en tanto éste se comportara como la sacralidad y la pureza imponían. En el preciso momento en que Bnei-Israel incurría en el pecado y se dejaba llevar por las prácticas idolátricas de sus vecinos, la protección se suspendía. Y Bnei-Israel fueron, por consiguiente, fácilmente derrotados por los Aramitas, que se impusieron a ellos y los dominaron. |
22. La época de los Jueces - los primeros 300 años - Israel no tiene Rey
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21. La interrupción de la guerra
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20. La conquista del norte
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19. La conquista del centro del país
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18. La primera conquista
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17. La conquista de la tierra de Cna'an
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16. La conquista de la tierra sagrada - del 2488 (1274 AC) hasta 2495 (1267 AC) - La guerra en la ribera oriental del Jordán
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15. El pueblo de Israel en el desierto
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14. La Torah que entregó Hashém al pueblo de Israel
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