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La época de los Jueces
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los primeros 300 años
Israel no tiene Rey
Eran tres las órdenes que Bnei-Israel debían obedecer tras la conquista de la tierra, para llegar a convertirse en el "Reino de Sacerdotes y Pueblo Sagrado", como se les había instruido en el Monte Sinai. Para comenzar, debían coronar un rey. En segundo término, debían luchar contra el pueblo de Amalék que residía en el SurEste de su tierra, y no sólo eran los peores enemigos de Israel sino, y sobre todo, los más radicales enemigos de la Toráh desde su negativa a rendir culto a Hashém, D's de Israel. En tercer término, por fin, ya cumplidos los requisitos previos, construirían el Beit-HaMikdásh, el Gran Templo en Jerusalem.
El primero y más difícil de los desafíos consistía en la elección de un rey. Este debía ser un hombre especialmente grande en Toráh y en sabiduría, honesto, devoto de Hashém, consagrado al bien y a la verdad. Un hombre capaz de liderar y dirigir al pueblo en un camino de integridad y pureza, y que de él aprendiesen sus hijos para sucederle. De ningún modo se lo podía elegir a partir de los criterios comunes de los hombres, sino que debía ser un profeta, inspirado directamente por Hashém, quien lo señalase y lo impusiese en su función. Iehoshúa, al igual que Moshéh antes que él, suplicó a Hashém que le permitiera avanzar este paso, que le indicase de entre el pueblo quién sería capaz de cumplir tan alta misión, y sin flaquear jamás, dirigir a Israel, salir a las guerras al frente del pueblo y retornar con él, y gobernarlo con sabiduría también en tiempos de paz. Pero Hashém no respondió a sus ruegos: no había aún en el pueblo de Israel un hombre a la altura de tal misión. |
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