sábado, 24 de mayo de 2014

24. AtaniEl ben-Knaz


AtaniEl ben-Knaz
Bnei-Israel comprendieron muy pronto lo que había sucedido, y se apresuraron a enmendar sus acciones para merecer una vez más el favor de D's. Uno de los discípulos de Iehoshúa, AtaniEl Ben-Knaz, se destacó por su capacidad de liderazgo. Había sido, en vida de Iehoshúa, comandante de parte del Ejército hebreo, y era un hombre valiente y grande tanto en su conocimiento de Toráh como en su devoción. El asumió, entonces, la dirección del pueblo, y se transformó en el Juez sobre todos los Jueces de las ciudades, y en el guía del pueblo en su retorno a Hashém. Conocedor de la realidad del pueblo, rogó cada día a Hashém que le permitiera coronar un rey, y nunca resultó haber en el pueblo alguien capaz de cumplir con todas las condiciones en que un rey no debería faltar. Así fue que el pueblo comenzó a volver a la Toráh, a una vida sagrada y pura, durante todo el tiempo que fue gobernado por AtaniEl Ben-Knaz; mas aún no tenía raíces profundas este retorno en el seno del pueblo cuando le tocó a AtaniEl Ben-Knaz despedirse de esta vida, y quedó el pueblo acéfalo otra vez. 
Entonces se repitió lo previsible. La Toráh y las mitsvót no eran aún un hábito asentado entre Bnei-Israel, y todos sus vecinos tenían variedad de prácticas idolátricas, rituales estrafalarios y cultos pecaminosos, y una vez más, empezaron Bnei-Israel a desviarse de su camino solitario con rumbo a vidas como las de sus vecinos. Una vez más se sumaron a sus fiestas y aún a sus reverencias, otra vez descuidaron la Toráh y merecieron el castigo que los llamase al arrepentimiento.
 
La derrota que había infligido AtaniEl Ben-Knaz a los Aramitas había bastado para que éstos no tuvieran voluntad de arremeter contra Israel una segunda vez; y pasarían cientos de años antes de que lo intentaran nuevamente. Esta vez, fue el turno de los Moabitas.

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