sábado, 24 de mayo de 2014

23. Los Jueces locales

Los Jueces locales
Siguiendo el modelo de gobierno que instruye la Toráh, Iehoshúa nombró Jueces (shoftím) y Policías (shotrím) en todas las ciudades de Israel. A su fallecimiento, fueron éstos los únicos que quedaron a cargo de liderar al pueblo, y no había un líder supremo, una personalidad carismática que pudiera dirigir a Bnei-Israel con mano fuerte, como Iehoshúa y antes Moshéh habían hecho. 
En su afán por llevar una vida por fin normal, y de hacer producir a la tierra las riquezas que se les había dicho produciría, Bnei-Israel llevaban una vida de mucha labor. Gran parte del pueblo se había instalado en las ricas ciudades conquistadas a los Cnaanitas, donde todo estaba dispuesto para una vida de fasto y categoría. Ellos se dedicaban al comercio, intercambiando mercaderías con quienes cruzaban la tierra de Israel en camino hacia otros lugares, así como con los pueblos vecinos, aquéllos que no habían sido expulsados de la tierra.
Otros, habían optado por establecerse en pequeñas colonias rurales, dedicadas a cultivar la tierra y criar ganado, y trabajaban con tesón, juntándose con sus vecinos cnaanitas para aprender de ellos los oficios de la tierra. 
El estudio era un deber de muy difícil solución en aquellos tiempos. Faltaban muchos siglos para la aparición de textos explicativos de la Toráh: solamente se contaba con la Toráh "escrita", y aún ésta era muy difícil de copiar para ponerla al alcance de todos. De modo que el estudio era, mayormente, oral; y viviendo como vivían, el hábito de estudiar se debilitaba con frecuencia. Esto produciría, inevitablemente, que grandes porciones de la enseñanza se fueran perdiendo y olvidando con el correr de los años.
 
Al debilitamiento en el estudio, que es lo que sostenía la fuerza de la Toráh en la vida de Bnei-Israel, se sumó su trato cotidiano con los Cnaanitas: se relacionaban con ellos; hacían con ellos negocios, y aprendían de sus oficios. De tal modo, que comenzaron Bnei-Israel a aprender de los Cnaanitas también hábitos y actividades que repugnaban a D's, y a participar de las fiestas y las formas de culto que aquéllos dedicaban a sus ídolos.
 
Hashém, actuando desde un justo enojo, hizo que cayeran sobre Israel los Aramitas, que residían en el NorEste de la tierra. Bnei-Israel fueron atacados por sorpresa, dado que se sentían seguros del temor que inspiraban a los pueblos vecinos y no esperaban que ninguno de ellos los enfrentase. Pero ese temor era como una protección provista por Hashém a su pueblo, en tanto éste se comportara como la sacralidad y la pureza imponían. En el preciso momento en que Bnei-Israel incurría en el pecado y se dejaba llevar por las prácticas idolátricas de sus vecinos, la protección se suspendía. Y Bnei-Israel fueron, por consiguiente, fácilmente derrotados por los Aramitas, que se impusieron a ellos y los dominaron.

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