sábado, 24 de mayo de 2014

1. Las primeras 10 generaciones del mundo - del año 1 al 1056: El primer hombre y sus hijos


 
Las primeras 10 generaciones del mundo
del año 1 al 1056
El primer hombre y sus hijos

Es muy poco lo que sabemos acerca de las generaciones humanas anteriores al gran Diluvio. Cuando D's creó a Adám, le otorgó una gran inteligencia y lo alojó en el Jardín de Edén (que sale de la raíz hebrea de "adín" = "lo sutil") donde todo lo bueno y lo bello estaba a su disposición. Nada faltaba allí de lo necesario para una vida sagrada y plena, y el hombre disponía de energía y tiempo para construirla.

 
 La propia existencia de Adám y cuanto le había sido entregado, debían ser consagrados a través de "mitsvót", de los preceptos que D's le había encomendado cumplir, observar y transmitir a su descendencia, de modo tal que pasaran de generación en generación hasta que llegara el momento en que la humanidad mereciera la Toráh completa.

 
 Pero Adám transgredió las órdenes de D's. Tenía prohibido comer del Arbol del Conocimiento del Bien y del Mal, que crecía en el Edén. No había hasta ese momento "bien" y "mal" confrontados en el mundo, sino una vida "justa" que se desarrollaba bajo la guía de D's. Pero Adám y su mujer Javáh, incitados por la serpiente, observaron que era bello el fruto y se veía "bueno para comer", y apetecieron el conocimiento, y desobedecieron a D's. Así comenzó todo: su transgresión les valió ser expulsados del Jardín de Edén, del mundo unitivo, hacia el mundo de la multiplicidad, donde con trabajo habría el hombre de proveerse el pan y con dolor pariría hijos su mujer.

 
 En este mundo, estaba todo por hacer. Los hombres eran grandes y vigorosos y estaban preparados para el trabajo duro, y pronto aprendieron a sacar provecho de los animales y de la tierra, a construir viviendas y herramientas para los más variados usos, y a proveerse alimentos en gran variedad. Las familias criaban numerosos hijos que se sumaban al esfuerzo por tornar a este mundo disfrutable.

 
 Pero la conquista de la "extensión", el hecho de que los hombres se dispersaran por la Tierra, hizo que se debilitara la enseñanza recibida de las primeras generaciones. Los hombres fueron paulatinamente perdiendo el Temor a D's y desconociéndolo, con lo que sus vidas perdieron poco a poco el sustento moral: al no haber un patrón superior que indicara actuar con rectitud, ésta y el sentido de justicia se fueron perdiendo de la sociedad humana. Abundaban entonces el robo y la mentira, conductas que producen los hombres cuando su voluntad de recibir, de poseer, es un fin en sí mismo y no un medio para participar del bien común.

 
 Al cabo de diez generaciones, D's consideró que la situación era insostenible, que no habría modo de rescatar a los hombres de la oscuridad en que habían sumido a sus vidas, y buscó advertirles, darles la oportunidad de volver en "teshuváh": de recuperar la enseñanza y enderezar sus vidas en el camino de D's. Ya antes, en los días de Enósh, había castigado con un diluvio la amoralidad de los hombres. Eligió entonces a Nóaj, un hombre que cultivaba los valores verdaderos, y le anunció su voluntad de arrasar al resto de la humanidad, y dar lugar a una nueva humanidad a partir de su descendencia.

 
 D's instruyó a Nóaj que advirtiera a los hombres acerca de una última oportunidad para aplacar el rigor con que actuaría. Le informó que produciría un diluvio que borraría a la humanidad de la faz de la Tierra. Y le instruyó detalladamente qué debería hacer él para salvarse, con su familia, y con ejemplares de cada especie animal, que serían los gérmenes de una vida nueva sobre la Tierra.  A partir de las instrucciones recibidas de D's, pasó Nóaj 120 años construyendo un enorme Arca cerrada, que no sucumbiría a las aguas. Durante todos esos años advirtió a sus semejantes de la calamidad que sobrevendría si no volvían sobre sus pasos y suplicaban piedad del Creador. Ignorantes, embrutecidos por una vida arraigada en lo material y sin referencia alguna a D's ni a valores morales, le desoyeron una y otra vez.

 
 Hasta que llegó el momento en que Nóaj recibió de D's la orden definitiva de entrar al Arca. Haciendo como se le había dicho, llevó a ella a toda su familia, ejemplares de cada especie animal, víveres: todo lo que sobreviviría a la catástrofe. Y entonces, se desató la ira de D's sobre la Tierra y se derramaron las aguas, sobre todo lo que vivía,  durante cuarenta días y cuarenta noches sin interrupción. Y finalmente, amaneció un nuevo comienzo para la vida de los hombres sobre la Tierra, y D's regaló a Nóaj el arcoiris por señal de que no volvería a suceder destrucción semejante. Y agradeció Nóaj a D's cuando bajaron las aguas, y la paloma que envió a por tierra seca volvió hasta él, con una rama de olivo en el pico; tal, desde entonces, el símbolo de la paz.

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