sábado, 24 de mayo de 2014

7. Avraham, Itsják, Ia'akóv y sus hijos - 500 años de historia - Avraham Avinu (nuestro padre)


 
Abrahám, Itsják, Ia'acóv y sus hijos
500 años de historia
Abrahám Abinu (nuestro Padre)
Llegó la décima generación después de Nóaj, y a un hombre llamado Téraj, que rendía culto a los ídolos, le nació un hijo al que llamó Abrám. Y D's puso en Abrám una gran inteligencia, y un corazón capaz de sentir más que ningún otro; por lo que ya a los tres años de edad, había comprendido que Hashém está en los Cielos, y que no lo podemos ver, y que es atento a cuanto sucede en el mundo, y que todo sucede por su palabra.
A los cuarenta y ocho años, Abrahám era muy fuerte en su fe; creía firmemente en Hashém y enseñaba acerca de El a los hombres, instruyéndoles las mitsvót que muy pocos conocían. Se esmeraba especialmente en dar ejemplo de bondad, de piedad, para contagiar y expandir por doquier el camino del bien. En una oportunidad que signaría para siempre su vida, Abrám destruyó los ídolos que reinaban en casa de su padre Téraj. Enterado de la hazaña, el rey Nimród quiso castigar su coraje y lo condenó a ser quemado. Pero Hashém le salvó de la sentencia, y salió entonces Abrám con su padre de Ur en Caldea, donde había nacido, y se dirigieron juntos a Jarán.

Allí se reveló Hashém a Abrám, y le ordenó salir de Jarán para enseñar a los hombres, en todo el mundo, sobre El y sobre el cuidado de las mitsvót. Le prometió que de su descendencia nacería un pueblo que reconocería al verdadero D's, el mismo pueblo que luego fue llamado "judío" o "hebreo": nuestro pueblo. Abrám fue el primer  hebreo.
 
Llegó Abrám a la tierra de Cnáan; le presentó Hashém a Cnáan como la tierra sagrada que habrían de heredar sus descendientes, cuando aprendieran a rendir culto a Hashém y a temerle. Y le mostró los caminos que habría de recorrer su descendencia antes de merecer su tierra y una vida de paz. Dispuso que Abrám se llamara, en lo sucesivo, Abrahám, que en hebreo alude a que sería como un padre no sólo para su propia descendencia sino también para los otros pueblos, que aprenderían de él a rendir culto a Hashém y a ser buenas personas. Por ello, cuando alguien se convierte al Judaísmo, se acostumbra llamarle "ben-Abrahám", hijo de Abrahám, porque pasa a ser como otro hijo de Abrahám aún si biológicamente no es su descendiente.
Durante toda su vida anduvo Abrahám de uno a otro sitio, y junto a su esposa Saráh enseñó a los hombres a cumplir las siete mitsvót, a rendir culto a Hashém, a orarle, y a ser buenos los unos con los otros. Muchos aprendieron de él, e iniciaron a muchos más en la sabiduría. Aún cuando no todos permanecieron discípulos fieles a las enseñanzas de Abrahám, cada uno portaba algo de ellas consigo, y en mayor o menor medida, a todos llegó de algún modo el ejemplo de Abrahám.
D's cerró un pacto con Abrahám, según el cual sus descendientes serían los elegidos de D's, y tendrían la importante misión de enseñar al resto de los pueblos a rendir culto a D's. Pero antes de ello, pasarían cuatrocientos años muy duros, de preparativos para ser el pueblo de Hashém, y pasarían por experiencias difíciles y aún amargas, para aprender a ser fuertes y fieles a Hashém. 
Cuando tenía Abrahám cien años, tuvo un hijo de su esposa Saráh, que de noventa años, daba a luz por primera vez. A través de un milagro, Hashém hizo que tuvieran un hijo a tan avanzada edad, para que llegara al mundo Itsják: sobre él recaería continuar el camino de su padre Abrahám, y enseñar a los hombres con el ejemplo del culto a D's. Con sus otras esposas también tuvo hijos Abrahám; mas estos hijos, si bien aprendieron de él, no se le parecieron. Abrahám los envió a distintos países, en los que enseñaron pequeñas partes de la Toráh de su padre. El pueblo más grande de entre los hijos de Abrahám nació de Ishmaél hijo de Hagár, y son los árabes de nuestros días. Los demás se mezclaron entre los pueblos, y no son identificables en la actualidad.
 
Abrahám es llamado "Abinu" (nuestro padre), su esposa Saráh "Imeinu" (nuestra madre); estos nombres hacen honor a su carácter de los primeros hebreos, de los inauguradores de nuestro pueblo
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